lunes, 5 de enero de 2015

KINGDOM COME

En la década de los 90, el cómic de superhéroes había tomado una dirección claramente opuesta a la tomada durante la Edad de Oro y la de Plata. En un intento de adaptar el género a unos lectores que ya habían pasado de ser niños a adultos, los cómics de superhéroes habían abandonado la nobleza y candidez que los caracterizaba para ser protagonizados por unos personajes que, a pesar de lucir el nombre y aspecto de siempre, acometían unos actos que difícilmente se discernían de los realizados por aquellos que combatían.

En medio de este oscuro panorama, surgía en 1994 de la mente de Kurb Busiek y Alex Ross Marvels, un grito en forma de cómic que recordaba al mundo la auténtica naturaleza de los superhéroes. Esta obra marcaría el resurgir del género abriendo camino a obras venideras que también se apartarían de la corriente oscura y recuperarían el ya casi exiguo espíritu clásico. Si alguno de estos cómics destacó especialmente sobre el resto, ese fue Kingdom Come, creado en 1996 por Mark Waid y Alex Ross. Juntos acudían a la línea Else Worlds de DC para reflejar el momento que vivía el cómic a través de una lucha entre los esperanzadores héroes de antaño y los lúgubres justicieros del momento.

Es el futuro, y los superhéroes ya no existen. En la realidad que narra Mark Waid, estos han sido sustituidos por un grupo de metahumanos que, a pesar de asegurar ser los defensores del ciudadano, causan tantos estragos y desdichas como los villanos a los que plantan cara. Una situación insostenible que hace que los humanos miren hacia atrás recordando a una generación de superhéores de la que ya no se sabe nada. Mientras que algunos pocos como Batman o Flash defienden como pueden sus ciudades, la mayoría de superhéroes abandonaron su rol al ver como Superman desaparecía para aislarse en la Fortaleza de la Soledad. El Hombre del Mañana descubrió que había sucumbido al paso del tiempo, que no había podido adaptarse a las exigencias de las nuevas generaciones… Pero su descanso no será eterno, pues la cada vez más alarmante situación hace que este y los suyos regresen para poner fin al reino de terror y evitar los hechos que podrían desembocar en el apocalipsis.


De todo ello, el lector será testigo gracias a Norman McCay, un cura que ha sido víctima de unas visiones que le ratifican el fin del mundo, siendo por ello el elegido para guiar al Espectro a través de los hechos que desencadenen el día final para que este juzgue y sentencie a los culpables la debacle.

Esta es la metáfora en la que Mark Waid reflejaba el momento que vivía la industria del cómic. Pero no solo lograba con gran acierto dicho fin, pues Kingdom Come ha conseguido perpetuarse a través de los años gracias a su innegable calidad. Tanto a nivel argumental como gráfico.
Al frente de los guiones nos encontramos con un Mark Waid que firma una de sus mejores obras, consagrándose esta como una auténtica alegoría sobre el superhéroe en general. Con una profundidad pocas veces vista, el guionista envite su tarea reflejando a los superhéroes como personajes no blancos o negros, sino con una personalidad perfectamente definida y  plagadas de múltiples matices, resaltando de este modo las diferencias entre ellos.

Así, la lucha que vemos en el cómic entre diferentes bandos superheróicos sirve para dejar patente las diferencias entre el maniqueísmo bondadoso de Superman, la calculadora frialdad de Batman, la incontinente violencia de Wonder Woman… La personalidad de cada uno será retratada como pocas veces mediante sus actos, pues los protagonistas deberán elegir bandos y relaciones dejando más evidente que nunca al lector su sentido de la justicia, moral y ética. Mientras que hace notar el cariño que siente hacia ellos, Mark Waid nos muestra en este cómic unos superhéroes más de carne y hueso que nunca.

Por si todo esto fuera poco, Kingdom Come se presta a futuras relecturas para, no solo disfrutarla de nuevo, sino también para extraer sus múltiples interpretaciones, pues esta también se presta a la crítica social, política…

El retrato del superhéroe, el contenido social… Todo esto lo argumenta entorno a una trama genialmente construida. Inteligente desde el primer momento, la historia sabe cómo picar la curiosidad del lector convirtiéndose en adictiva y manteniendo su interés durante todo el cómic mediante un desarrollo que no pierde fuerza conforme avanza. Además, Mark Waid deja patente en este cómic su calidad como narrador ofreciéndole a la historia tono épico, realizando múltiples referencias bíblicas y mostrando todo a través de los ojos de Norman McCay. Un brillante trabajo que sumergirá por completo al lector en la ambiciosa trama.

Por otro lado, Mark Waid se asegura de recoger todos los elementos claves del género superheróico incluyendo espectaculares escenas de acción en las que una gran cantidad de personajes de DC deberán enfrentarse entre sí para decidir el futuro de la Tierra.

Por su parte, Alex Ross realiza un trabajo que pocas veces encaja tan bien con el tono del cómic. Su estilo clásico y, a la par, nostálgico ayuda enormemente a que la historia de Waid cobre fuerza. Ross hace gala de su soberbio trabajo realizando unos dibujos hiperrealistas, genialmente coloreados y plagados de detalles y guiños que van desde Star Wars hasta obras de Marvel. También cabe destacar la capacidad de Ross para saber adaptar los personajes al cambio que supone el salto al futuro.

Actualmente, el cómic se encuentra publicado por ECC en un tomo que contiene los 4 números que componen la saga y diversos extras. La publicación cuenta con cubiertas rústicas y 232 páginas al más que justo precio de 19,95 €.


Conclusión: Kingdom Come es un brillante cómic que recoge la esencia del género superheróico en general y de DC en particular. Gracias al talentoso trabajo realizado por Mark Waid y Alex Ross, Kindom Come es ya un auténtico clásico indispensable para cualquier lector de cómics.

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