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lunes, 16 de junio de 2014

X-MEN: DÍAS DEL FUTURO PASADO (2014)

Desde que X-Men (2000) dio el pistoletazo de salida al comienzo de siglo, los mutantes han encadenado, una tras otra, numerosas incursiones en la gran pantalla, tanto de forma grupal como individual. Así, durante estos últimos 14 años, han sido 7 películas las que se han estrenado. Y si múltiples han sido los estrenos, múltiples han sido también los directores que han dado sus diferentes versiones sobre el grupo creado por Stan Lee y Jack Kirby: Brett Ratner, Gavin Hood, Matthew Vaughn, James Mangold… Pero, si alguno ha destacado por encima de los demás gracias a su forma de entender a los personajes y la esencia de sus adaptaciones, ese ha sido Bryan Singer. El director neoyorquino fue el encargado de dirigir el debut mutante en el cine y su respectiva secuela, cosechando grandes éxitos tanto con el público como con los críticos. 

Ahora, tras ver cómo la franquicia decaía con X-Men: The Last Stand o cómo mutaba a una versión más vintage en X-Men: First Class, el director regresa para devolverle la gloria que se merece con X-Men: Días del Futuro Pasado, película basada en el clásico cómic homónimo guionizado por Chris Claremont y dibujado por John Byrne. 

La película arranca mostrándonos un post-apocalíptico futuro en el que el mundo se encuentra agonizante tras ser sometido por los Centinelas, unos evolucionados robots cuya principal misión consistía en atrapar mutantes. En este desolador marco, solo unos pocos Hombres-X sobreviven y, para salvar la raza humana, deberán viajar hasta el pasado para evitar los actos que les llevarían a esa desoladora realidad. 

Con esta trama, Bryan Singer hace regresar la mejor versión de los X-Men. Y decimos que hace regresar porque devuelve a la franquicia la alta calidad que ya mostró el director en sus primeras películas, sobre todo en X-Men 2. Tanto es así, que para emular el éxito de esta última vuelve a repetir la misma fórmula: una brillante película superheróica que encuentra sus bases en una trama muy bien construida. 


viernes, 10 de agosto de 2012

PROMETHEUS

Una película con pros y contras a partes iguales

Fue en 1979 cuando Ridley Scott decidió introducir un octavo pasajero en la nave comercial Nostromo, teniendo como consecuencia que a día de hoy, 33 años después, el universo creado por el director inglés siga siendo un icono pop. Tal fue el éxito de Alien, el octavo pasajero que se creó de dicha cinta una triología, cuyas secuelas fueron dirigidas por James Cameron y David Fincher, respectivamente, pero siempre con Sigourney Weaver encabezando el reparto.

Ahora, que ya creíamos haber conocido y visto todo sobre Alien y su saga (lamentablemente,  hemos llegado a verlo enfrentándose al Depredador de McTiernan), Ridley Scott vuelve a ponerse al frente de la franquicia para narrarnos el origen de Alien y de la propia humanidad en su Prometeus.

Prometheus nos desvela el inicio de toda esta saga cuando, en 2089, un grupo de investigadores descubren un mapa celeste donde supuestamente habitan nuestros “ingeniadores”, una raza anterior a la humana que, como su propio nombre indica, fueron nuestros creadores. Con estos fines se embarcan abordo del Prometheus, el cual los llevará al misterioso planeta donde, además de los orígenes de la humanidad, podrían encontrar el fin de esta.


Con esta premisa, Ridley nos plantea una película con demasiadas buenas ideas que no llegan a desarrollarse bien, dejando al espectador insatisfecho y llegando a ser parcialmente previsible. El film, a pesar de ser capaz de atraer al espectador con los hechos que nos plantea desde el principio, no es capaz de eclosionar a tiempo para terminar de cautivar a la platea. 

El principal reproche que se le atribuye a la película es la ingente cantidad de preguntas sin respuesta que plantea. Es cierto que sí, que algunas son resueltas, pero muchas (demasiadas) de ellas se encuentran orientadas a dejar al espectador con las dudas obligándolo a visionar la futura secuela de esta. Además, la película cuenta con conversaciones con frases lapidarias bastante exprimidas que quitan frescura y brillantez al guión.