Desde que X-Men (2000) dio el pistoletazo de salida al comienzo de siglo, los mutantes han encadenado, una tras otra, numerosas incursiones en la gran pantalla, tanto de forma grupal como individual. Así, durante estos últimos 14 años, han sido 7 películas las que se han estrenado. Y si múltiples han sido los estrenos, múltiples han sido también los directores que han dado sus diferentes versiones sobre el grupo creado por Stan Lee y Jack Kirby: Brett Ratner, Gavin Hood, Matthew Vaughn, James Mangold… Pero, si alguno ha destacado por encima de los demás gracias a su forma de entender a los personajes y la esencia de sus adaptaciones, ese ha sido Bryan Singer. El director neoyorquino fue el encargado de dirigir el debut mutante en el cine y su respectiva secuela, cosechando grandes éxitos tanto con el público como con los críticos.
Ahora, tras ver cómo la franquicia decaía con X-Men: The Last Stand o cómo mutaba a una versión más vintage en X-Men: First Class, el director regresa para devolverle la gloria que se merece con X-Men: Días del Futuro Pasado, película basada en el clásico cómic homónimo guionizado por Chris Claremont y dibujado por John Byrne.
La película arranca mostrándonos un post-apocalíptico futuro en el que el mundo se encuentra agonizante tras ser sometido por los Centinelas, unos evolucionados robots cuya principal misión consistía en atrapar mutantes. En este desolador marco, solo unos pocos Hombres-X sobreviven y, para salvar la raza humana, deberán viajar hasta el pasado para evitar los actos que les llevarían a esa desoladora realidad.
Con esta trama, Bryan Singer hace regresar la mejor versión de los X-Men. Y decimos que hace regresar porque devuelve a la franquicia la alta calidad que ya mostró el director en sus primeras películas, sobre todo en X-Men 2. Tanto es así, que para emular el éxito de esta última vuelve a repetir la misma fórmula: una brillante película superheróica que encuentra sus bases en una trama muy bien construida.




